Museum zu Allerheiligen

hace 4 semanas · Actualizado hace 4 semanas

museum zu allerheiligen schaffhausen

Imagina recorrer un claustro románico del siglo XI donde aún se respira la paz contemplativa de los monjes benedictinos, y minutos después contemplar una placa de oro de la Edad del Bronce con inscripciones astronómicas. El Museum zu Allerheiligen (Museo de Todos los Santos) en Schaffhausen no es un museo convencional: es un universo cultural entero contenido entre los muros de un antiguo monasterio. Aquí, la arqueología prehistórica convive con el arte contemporáneo, la historia industrial se entrelaza con jardines medievales de hierbas medicinales, y cada sala te recuerda que estás caminando por uno de los complejos monásticos mejor conservados de Suiza. Si buscas un museo donde el continente sea tan fascinante como el contenido, has dado con el lugar indicado.

Por qué el Museum zu Allerheiligen es único en Suiza

Un museo universal en un escenario medieval

La mayoría de los museos se especializan: arte, ciencia, historia. El Museum zu Allerheiligen desafía esa lógica ofreciendo un recorrido completo por la historia humana y natural de la región de Schaffhausen. Pasarás de admirar restos de asentamientos palafíticos prehistóricos a contemplar pinturas modernas, todo dentro del mismo complejo. Esta filosofía de "museo universal" fue concebida deliberadamente en los años 30 por el arquitecto Karl Moser, quien rediseñó los espacios para albergar las diversas colecciones municipales bajo un mismo techo.

Pero lo verdaderamente especial es el continente. El Monasterio de Todos los Santos fue fundado en 1049 por el Conde Eberhard von Nellenburg, y durante casi cinco siglos fue el corazón espiritual de Schaffhausen. La Reforma protestante de 1529 disolvió la comunidad benedictina, pero los edificios sobrevivieron y fueron adaptados para usos seculares. Hoy, cuando caminas por sus galerías, estás literalmente habitando espacios donde generaciones de monjes rezaron, estudiaron y trabajaron.

El claustro más grande de Suiza y una campana que inspiró a Schiller

El claustro románico del museo es el más extenso de todo el territorio suizo. Sus arcadas de piedra forman un rectángulo perfecto alrededor de un jardín central que funciona como cementerio histórico, el llamado Campo Santo, donde descansan personalidades de Schaffhausen desde el siglo XVI. Caminar bajo esas bóvedas en un día soleado, cuando la luz se filtra creando sombras geométricas sobre el suelo de piedra, es una experiencia casi meditativa.

Justo al lado se encuentra la catedral (Münster), una imponente basílica románica de pilares cuya acústica excepcional la convierte en escenario habitual de conciertos. Aquí cuelga la famosa Schillerglocke, la Campana de Schiller, fundida en 1486. Su inscripción en latín —"Vivos voco, mortuos plango, fulgura frango" (Llamo a los vivos, lloro a los muertos, rompo los rayos)— inspiró al poeta alemán Friedrich Schiller su célebre poema La Canción de la Campana. Para los amantes de la literatura europea, tocar esa conexión histórica añade una capa de significado al lugar.

Piezas arqueológicas que cuentan 3.000 años de historia

La sección de arqueología del museo alberga joyas como la Placa de Oro de Gächlingen, un disco de oro macizo de la Edad del Bronce (circa 1.000 a.C.) decorado con motivos que algunos investigadores interpretan como representaciones astronómicas. Encontrar algo así en una región alpina demuestra los avanzados conocimientos de las culturas prehistóricas que habitaron estas tierras.

Las colecciones también incluyen objetos romanos, herramientas medievales y testimonios de la transformación industrial de Schaffhausen en el siglo XIX, cuando el río Rin se convirtió en motor económico de la ciudad. Hay incluso una galería dedicada a Georg Fischer (+GF+), una de las empresas industriales más importantes de Suiza, que muestra cómo la ciudad pasó de ser un enclave monástico a un centro de ingeniería.

Información práctica: horarios, precios y cómo llegar

Horarios y tarifas actualizadas

El Museum zu Allerheiligen abre de martes a domingo de 11:00 a 17:00. Los lunes permanece cerrado. La entrada cuesta 12 CHF para adultos y 8 CHF para estudiantes, jubilados y personas con discapacidad. Los menores de 16 años entran gratis, lo que lo convierte en una excelente opción para familias.

Aquí va un dato que pocos conocen: el primer domingo de cada mes la entrada a las exposiciones permanentes es gratuita. Si tu presupuesto es ajustado o simplemente quieres aprovechar esta ventaja, planifica tu visita para ese día. Eso sí, prepárate para encontrarte con más visitantes locales que también conocen el truco.

Cómo llegar desde el centro de Schaffhausen

La ubicación del museo, en Klosterstrasse 16, no podría ser más céntrica. Desde la estación de tren de Schaffhausen (Bahnhof), llegas caminando en 5-10 minutos atravesando el pintoresco casco antiguo. Es un paseo agradable por calles adoquinadas flanqueadas por casas con miradores pintados (Erker), típicos de la arquitectura local.

Si prefieres el transporte público, la parada de autobús Schifflände está a pocos metros del museo. Para quienes lleguen en coche, los aparcamientos públicos más cercanos son Herrenacker y Pestalozzi, ambos a menos de 10 minutos a pie. No hay estacionamiento directo en el museo, pero tampoco lo necesitas: aparcar en el perímetro del casco antiguo y caminar es parte del encanto.

Accesibilidad y servicios

El museo ha hecho un esfuerzo considerable para ser accesible en silla de ruedas. Los ascensores conectan los diferentes niveles y edificios, aunque algunas zonas del claustro y la catedral tienen acceso limitado debido a la estructura histórica original. Si tienes necesidades específicas de movilidad, consulta en la recepción: el personal conoce bien las rutas alternativas.

Entre los servicios disponibles encontrarás taquillas gratuitas para mochilas, una tienda del museo con libros de arte y reproducciones, y la cafetería Sommerlust im Museum, perfecta para un descanso a mitad de recorrido. Las audioguías están disponibles para ciertas exposiciones temporales, aunque las permanentes cuentan con paneles explicativos detallados en alemán, francés e inglés.

Qué ver dentro del Museum zu Allerheiligen

Las colecciones permanentes: arqueología, historia, arte y naturaleza

Dedica al menos 2.5 a 4 horas para hacer justicia a las colecciones. Nuestra recomendación es comenzar por las salas de arqueología e historia, ubicadas en la planta baja. Aquí entenderás el contexto de la región antes de pasar a las secciones de arte. La cronología empieza en la prehistoria, con herramientas de sílex y cerámicas neolíticas, y avanza hasta la Edad Media con objetos litúrgicos del propio monasterio.

La Sala de Ónix merece mención especial: un espacio cúbico de 125 metros cúbicos completamente revestido con ónix de mármol extraído de las canteras locales de Laufen. La luz filtrada a través de las vetas del mármol crea una atmósfera casi sagrada, diseñada originalmente para albergar objetos preciosos. Hoy está vacía, pero precisamente esa desnudez invita a la contemplación.

Las colecciones de arte abarcan desde pinturas del siglo XV hasta obras contemporáneas de artistas suizos. No esperes aquí nombres de fama mundial como en el Kunstmuseum de Basilea, pero la selección es sólida y contextualiza bien la producción artística regional. La sección de historia natural incluye especímenes de fauna alpina y minerales de la región, ideal si viajas con niños curiosos.

El claustro y el jardín de hierbas: el alma del complejo

Si solo tuvieras 30 minutos en el museo, dedícalos al claustro románico. Es el corazón del complejo y, para muchos visitantes, la razón principal de la visita. Recorrer sus galerías cubiertas, observando los detalles de los capiteles esculpidos y sintiendo la temperatura fresca que emana de las piedras, te transporta directamente al siglo XI. En el centro, el Campo Santo alberga tumbas de personalidades locales desde el siglo XVI: médicos, comerciantes, académicos. Es un cementerio, sí, pero lejos de resultar tétrico transmite una serenidad profunda.

Junto al claustro se extiende el jardín de hierbas (Kräutergarten), meticulosamente cuidado según modelos medievales. Aquí crecen plantas medicinales, aromáticas y culinarias que los monjes benedictinos cultivaban para sus boticas y cocinas. Si visitas entre mayo y septiembre, el jardín está en plena floración y el aroma a salvia, lavanda y tomillo impregna el aire. Hay bancos de piedra donde sentarse: aprovéchalos. Este lugar invita a detenerse, no a pasar de largo.

La catedral románica y la tumba del fundador

La catedral (Münster) forma parte del recorrido aunque técnicamente es un edificio independiente del museo. Esta basílica de pilares del siglo XI sobrevivió a la Reforma protestante y hoy funciona como espacio cultural, no como templo activo. Su nave central, despojada de ornamentación barroca, permite apreciar la pureza del estilo románico: arcos de medio punto, pilares macizos, una sensación de solidez inquebrantable.

En el centro de la nave, marcada por una sencilla lápida de piedra, se encuentra la tumba del fundador, Eberhard von Nellenburg. No hay pompa ni mármoles suntuosos, solo piedra gris con una inscripción latina casi borrada por los siglos. Es un recordatorio humilde de que hasta los poderosos regresan al polvo.

No te vayas sin mirar hacia arriba en la torre del campanario, donde cuelga la Schillerglocke. La campana original sigue en uso y su tañido se escucha cada hora en punto, resonando sobre los tejados del casco antiguo. Si coincides con el repique, detente un momento: ese sonido ha marcado el tiempo en Schaffhausen durante más de 500 años.

Una historia marcada por la guerra: el bombardeo de 1944

Pocos visitantes saben que Suiza, país neutral por excelencia, sufrió un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial. El 1 de abril de 1944, aviones estadounidenses confundieron Schaffhausen con una ciudad alemana y lanzaron sus bombas sobre el casco urbano. El Museum zu Allerheiligen fue gravemente dañado: varias salas quedaron destruidas, parte del claustro colapsó y obras de arte se perdieron para siempre.

La reconstrucción comenzó inmediatamente después de la guerra, con un esfuerzo meticuloso por devolver al complejo su aspecto original. Cuando caminas hoy por el museo, parte de lo que ves —especialmente en las alas laterales— es una reconstrucción fiel de los años 50. Esta capa de historia reciente añade profundidad a la visita: no solo estás en un monasterio medieval, sino también en un testimonio de resiliencia y reconstrucción.

En algunas vigas del claustro aún pueden verse marcas de metralla, deliberadamente preservadas como recordatorio. No están señalizadas, así que hay que saber dónde mirar. Pregunta en recepción si te interesa este detalle: los empleados conocen bien la historia y a veces ofrecen explicaciones más allá de los paneles oficiales.

Consejos prácticos para aprovechar tu visita

Mejor momento del día y época del año

Llega a primera hora, sobre las 11:00 si quieres recorrer el museo con tranquilidad absoluta, especialmente entre semana. Los grupos escolares suelen llegar después de las 14:00, y los fines de semana las familias locales se concentran por la tarde. Si viajas en primavera, verano o principios de otoño, disfrutarás del jardín de hierbas en su mejor momento. En invierno, aunque el interior del museo es igualmente visitable, la experiencia de los patios y jardines pierde parte de su encanto.

Evita, si es posible, el primer domingo del mes (entrada gratuita) si prefieres espacios vacíos. No es que se forme una multitud, pero notarás más gente de lo habitual. Por el contrario, si buscas ambiente local y no te importa compartir las salas, ese día te permitirá ahorrar los 12 CHF de la entrada.

Recorrido sugerido y tiempo necesario

Nuestro itinerario recomendado:

  1. Claustro y jardín (30 minutos): Empieza por el exterior para ambientarte en el espíritu del lugar.
  2. Catedral (15 minutos): Asómate a la nave y busca la tumba del fundador.
  3. Arqueología e historia (60-90 minutos): Las colecciones más ricas del museo.
  4. Arte e historia natural (45-60 minutos): Según tu nivel de interés.
  5. Pausa en Sommerlust (30 minutos): Un café o refrigerio antes de terminar.

Si tu tiempo es limitado, prioriza el claustro, el jardín y las salas de arqueología. Esa combinación te dará la esencia del museo. Si dispones de una tarde completa, tómate las 4 horas sin prisa: este es un lugar para contemplar, no para hacer fotos rápidas y salir corriendo.

Qué no hacer: errores comunes de turistas

Muchos visitantes cometen el error de centrarse solo en las galerías interiores y pasar de largo el claustro, la catedral y los jardines. Esos espacios exteriores no son complementos secundarios: son parte fundamental de la experiencia. Si vienes solo "a ver el museo", te perderás lo mejor.

Otro fallo habitual es subestimar la escala del complejo. No es un pequeño museo provincial de dos salas. Las colecciones son extensas y están repartidas en múltiples edificios conectados. Planifica con tiempo suficiente, o te irás con la sensación de haber visto todo corriendo.

Por último, no cometas el error de visitar sin conocer el contexto histórico. Leer aunque sea un resumen de la historia del monasterio antes de llegar te ayudará a apreciar mucho mejor cada rincón. El museo ofrece folletos informativos en recepción, pero es mejor llegar preparado.

Para fotógrafos: dónde apuntar la cámara

El claustro románico es, sin discusión, el lugar más fotogénico del complejo. Las arcadas de piedra crean juegos de luz y sombra espectaculares, especialmente en las tardes de verano cuando el sol bajo se cuela entre las columnas. Prueba encuadres desde las esquinas, capturando la repetición rítmica de los arcos hacia el infinito.

El jardín de hierbas con la catedral de fondo también ofrece composiciones hermosas. En primavera, cuando las plantas medicinales florecen, los primeros planos de lavanda o salvia con las torres románicas desenfocadas al fondo funcionan muy bien. Para la catedral, el exterior se fotografía mejor desde el patio principal, mientras que el interior —con su nave austera y luz natural filtrada— exige sensibilidad ISO alta y trípode si quieres evitar el ruido digital.

Buenas noticias: se permite fotografiar en las colecciones permanentes para uso personal, siempre sin flash ni trípode. Las exposiciones temporales pueden tener restricciones específicas, así que verifica en recepción. Si eres fotógrafo profesional o quieres usar trípode, solicita permiso previo: suelen ser flexibles si no hay mucha gente.

Qué ver en los alrededores inmediatos

El Museum zu Allerheiligen está en pleno casco antiguo de Schaffhausen (Altstadt), un entramado medieval de calles empedradas y casas con fachadas pintadas. A solo 500 metros, siguiendo una ligera subida, llegarás a la Fortaleza Munot, el símbolo arquitectónico de la ciudad: una fortificación circular del siglo XVI con vistas panorámicas sobre el Rin y los tejados del centro histórico. La entrada es gratuita y el atardecer desde sus murallas es memorable.

Si bajas hacia el río, en 300 metros alcanzas el paseo del Rin (Rheinpromenade), donde cafés con terraza y barcos turísticos animan la ribera en temporada alta. Desde aquí puedes tomar excursiones fluviales hacia las Cataratas del Rin (Rheinfall), a solo 3 kilómetros de distancia y fácilmente accesibles en autobús o bicicleta. Si tu tiempo en Schaffhausen es limitado, combinar el museo por la mañana con las cataratas por la tarde es un plan redondo.

A 200 metros del museo se levanta la Iglesia de San Juan (St. Johann), otro templo medieval notable aunque menos imponente que la catedral. El casco antiguo entero es un placer para perderse sin mapa, admirando los Erker (miradores cubiertos) y las pinturas murales que decoran muchas fachadas.

Un museo que merece más de una visita

El Museum zu Allerheiligen no es un destino turístico de masas. No encontrarás aquí las colas interminables del Kunsthistorisches de Viena ni el frenesí del Louvre. Esa es, precisamente, su mayor virtud. Es un lugar donde la historia se respira en las piedras, donde puedes sentarte en el claustro románico y no cruzarte con nadie durante 10 minutos, donde el conocimiento y la belleza se ofrecen sin estridencias.

Si Schaffhausen está en tu ruta por Suiza —quizás de camino a las Cataratas del Rin o explorando la región fronteriza con Alemania— reserva medio día para este museo. Llegarás esperando una colección regional modesta y te irás habiendo viajado desde la Edad del Bronce hasta el siglo XX, todo ello dentro de los muros de un monasterio que lleva casi mil años en pie. Pocas experiencias museísticas logran esa combinación de continente y contenido, de belleza arquitectónica y riqueza cultural.

Y si te quedas con ganas de más, recuerda: el primer domingo del mes la entrada es gratuita. Hay museos que piden ser visitados una sola vez. Este, en cambio, invita a volver.

Fotografía principal de Medea7, CC BY-SA 3.0, Link

Subir