Münster zu Allerheiligen

hace 3 meses · Actualizado hace 3 meses

En pleno corazón de Schaffhausen, rodeado por el bullicio del casco antiguo y a solo diez minutos caminando desde la estación de tren, se encuentra el Münster zu Allerheiligen, un templo que no necesita aspavientos ni luces de neón para captar tu atención. Sus gruesos muros de piedra arenisca y su silueta maciza dominan la Klosterstrasse con una presencia que habla más del peso de los siglos que de cualquier pretensión turística. Este es el edificio religioso románico más grande de toda Suiza, y quien lo visite entenderá por qué los benedictinos eligieron este rincón para levantar su monasterio hace casi mil años.

La construcción arrancó en 1049 y se completó en 1064, cuando el Rin aún era la autopista comercial de Europa Central y Schaffhausen apenas empezaba a convertirse en algo más que un punto de transbordo junto a las cataratas. El conde Eberhard von Nellenburg fue el artífice, y el propio Papa León IX consagró el lugar. Hoy, tras siglos de reformas protestantes, guerras e incendios, el templo sigue en pie como iglesia reformada, y lo que una vez fueron las dependencias monásticas albergan ahora el Museum zu Allerheiligen, uno de los complejos culturales más completos del norte de Suiza.

Piedra, silencio y luz filtrada

Entrar al Münster es como atravesar un portal hacia el medioevo, pero sin el ruido de fondo de audioguías dramatizadas. El interior respira austeridad románica: naves altas, bóvedas de cañón, columnas robustas. Nada de dorados barrocos ni frescos renacentistas; aquí manda la piedra desnuda, la geometría limpia y una acústica que convierte cualquier murmullo en eco. Si buscas ese momento de pausa en medio del frenesí turístico, este es tu lugar.

Las vidrieras, discretas y monocromáticas en su mayoría, filtran la luz con delicadeza. No hay grandes espectáculos cromáticos, solo claridad suficiente para que los detalles arquitectónicos —capiteles tallados, arcos de medio punto— resalten sin competir entre sí. La atmósfera invita al recogimiento, pero no hace falta ser creyente para apreciar el juego de volúmenes y la sensación de estar dentro de algo que se construyó pensando en durar.

El claustro: un respiro entre piedras

Si el interior del templo impresiona por su verticalidad, el claustro hace exactamente lo contrario: te obliga a bajar el ritmo, a caminar en círculos, a fijarte en los pequeños detalles. Es el claustro más grande de Suiza abierto al público, con una galería cubierta de arcos que rodea un patio central donde el silencio se espesa como niebla. Los capiteles están decorados con motivos vegetales y figuras fantásticas que los monjes tallaron con una paciencia que hoy nos resulta casi incomprensible.

Caminar por este espacio es entender cómo funcionaba la vida monástica: un ritmo circular, repetitivo, meditativo. Y no hace falta ser un experto en arte medieval para disfrutarlo; basta con dejarse llevar por la cadencia de los arcos y el contraste entre la piedra fría y el verde del jardín central.

¿Se puede entrar gratis al Münster?

Sí. El acceso al templo, al claustro y al jardín de hierbas es completamente gratuito durante el día. Solo pagas entrada si quieres visitar las exposiciones del Museum zu Allerheiligen, que ocupa los edificios contiguos del antiguo monasterio.

El jardín de hierbas: cuando los monjes eran farmacéuticos

Justo al salir del claustro, te encuentras con el jardín de hierbas medicinales, un pequeño vergel que recrea las antiguas huertas monásticas donde se cultivaban plantas con fines curativos. Aquí no hay rosas ornamentales ni setos perfectamente podados; lo que ves son salvia, lavanda, menta, hinojo, milenrama y docenas de especies que los benedictinos usaban para elaborar ungüentos, infusiones y remedios caseros.

El jardín está etiquetado (en alemán, pero con nombres científicos universales), y si te acercas un día soleado, el aroma es embriagador. Es un rincón perfecto para tomarte un respiro después de recorrer el museo o antes de lanzarte a explorar el casco antiguo. Y sí, puedes tocar las plantas y llevarte un pellizco de romero en los dedos si te apetece.

El órgano: música que sobrevivió a la Reforma

Los reformistas protestantes del siglo XVI tenían fama de ser iconoclastas, y en Schaffhausen no fue diferente. En 1529, el primer órgano de la iglesia fue retirado porque se consideraba un instrumento "papal" y una distracción del culto austero que predicaban. Hubo que esperar hasta 1879 para que Johann Nepomuk Kuhn instalara un nuevo órgano de tubos, esta vez con una carcasa neogótica tan imponente que casi compite con el retablo.

El instrumento fue remodelado varias veces (la última restauración integral fue entre 1979 y 1985), y hoy cuenta con tres manuales y 66 registros, de los cuales 51 son originales o parcialmente originales. Si coincides con algún concierto o ensayo, no lo dejes pasar: la acústica del Münster convierte cualquier melodía en experiencia sonora tridimensional.

Información práctica sin rodeos

El Münster está en la Klosterstrasse 16, en pleno centro de Schaffhausen. Llegas caminando desde la estación de tren en diez minutos, y si vienes en autobús, las líneas 5 y 8 te dejan cerca (paradas Rhybadi/IWC y Schifflände, respectivamente).

El templo, el claustro y el jardín están abiertos durante el día sin horarios estrictos, aunque es recomendable visitarlos en horario de museo (de 11:00 a 17:00) para asegurarte de que todo esté accesible. Si quieres entrar al Museum zu Allerheiligen, que ocupa las antiguas dependencias monásticas, la entrada cuesta 12 CHF para adultos (9 CHF tarifa reducida), y es gratis el primer sábado de cada mes. Menores de 19 años no pagan.

El complejo es en su mayoría accesible para sillas de ruedas, aunque algunos espacios antiguos del museo tienen limitaciones por la estrechez de los pasillos. Hay ascensores y plataformas elevadoras, y en recepción te pueden facilitar una silla de ruedas manual si la necesitas.

Conectando con el resto de Schaffhausen

El Münster es una pieza clave en cualquier recorrido por Schaffhausen, pero no funciona como atracción aislada. Está físicamente integrado en el complejo del Museum zu Allerheiligen, donde puedes ver desde colecciones de arqueología regional hasta arte de Lucas Cranach o Ferdinand Hodler. Si te interesa la historia natural, también hay una sección dedicada, así que puedes pasar fácilmente tres horas aquí sin aburrirte.

Desde el museo, el casco antiguo está literalmente en la puerta de al lado. Calles empedradas, fachadas pintadas con motivos históricos, fuentes renacentistas y ese ambiente de ciudad pequeña donde todo está a distancia de paseo. Y si te apetece subir a ver la ciudad desde arriba, la fortaleza de Munot está a quince minutos caminando cuesta arriba, con vistas sobre el Rin y los tejados de tejas rojas.

Para quien quiera hacer una ruta religiosa, la iglesia de St. Johann (San Juan) está a cinco minutos andando, también en el casco antiguo. Es más sobria que el Münster, pero tiene su encanto y un reloj de campanario que lleva cinco siglos marcando las horas.

Consejos para sacarle partido

Si visitas en temporada alta (julio-agosto), el complejo se llena de grupos escolares y turistas organizados, especialmente a media mañana. Para tener el claustro casi para ti, madruga o ven a última hora de la tarde. La luz rasante de la tarde, además, hace maravillas fotográficas en las galerías del claustro.

Lleva ropa cómoda y discreta si planeas entrar al templo durante un servicio religioso (todavía se celebra culto reformado los domingos). No hay código de vestimenta estricto, pero el ambiente es de respeto y recogimiento.

Si viajas con niños, el jardín de hierbas les encantará: pueden tocar, oler y explorar sin que nadie les riña. Y si te interesa la historia medieval, pregunta en el museo por las visitas guiadas temáticas (disponibles bajo reserva); hay recorridos que profundizan en la vida monástica, la arquitectura románica o la transición religiosa de la Reforma.

Más allá del templo: el museo como experiencia completa

El Museum zu Allerheiligen merece atención propia, pero funciona como extensión natural del Münster. Dentro encontrarás desde lunetas románicas originales del siglo XII hasta exposiciones temporales que abarcan desde arte contemporáneo hasta paleontología regional. La colección permanente incluye piezas de Tobías Stimmer, Lucas Cranach el Viejo y Otto Dix, además de una sección dedicada a la historia económica de Schaffhausen y el cantón.

Si viajas en invierno, el museo tiene un café acogedor en el patio histórico (también accesible sin entrada), ideal para un chocolate caliente después de recorrer las salas. En verano, el café abre mesas en el patio exterior y sirve helados artesanales de Gelatito, una pequeña marca local que vale la pena probar.

Schaffhausen en clave local

Un truco que pocos turistas conocen: si quieres ver el Münster sin aglomeraciones y conectar con la vida local, ven un domingo por la mañana, cuando los vecinos salen a pasear con sus perros o a tomar café en las terrazas cercanas. El ambiente es relajado, las tiendas de recuerdos todavía no han abierto, y puedes fotografiar el claustro sin cola de selfies en medio.

También vale la pena explorar las callejuelas que rodean el complejo: la Vordergasse tiene varias librerías de segunda mano y tiendas de artesanía, y en la Fronwagplatz encontrarás el mercado de los sábados, con productos locales y puestos de quesos del cantón.

Un final sin grandilocuencias

El Münster zu Allerheiligen no necesita superlativos. No es la catedral más alta, ni la más decorada, ni la más fotografiada de Suiza. Pero es, probablemente, una de las más auténticas: un lugar donde la piedra románica convive con el presente sin aspavientos, donde el silencio del claustro se cruza con el rumor del casco antiguo, y donde mil años de historia caben en un paseo de una hora. Si buscas autenticidad en lugar de postal turística, este es tu rincón en Schaffhausen.

Fotografía principal de Hauserphoton, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

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